Conmemoración del 12 de octubre
El 12 de octubre de 1492 es para América y el mundo un hecho capital. Un gigantesco continente entra en el juego de un mundo que, a instancias de una Europa expansiva, estaba en los inicios de un proceso de hoy conocemos como globalización. Y lo es a través de España, el primer Estado moderno que surge en Europa, casi al mismo en que concluía un proceso de reconquista frente al árabe musulmán que le llevó siete siglos. Con sus luces y sombras, España incorporó a sus dominios a gran parte del continente, como un reino más de los que la integraban, organizándola política y económicamente; dotándola de instituciones y leyes particulares que atendían a sus realidades, como ser el derecho indiano.
Pero los más importante, y que perdura hasta el presente, es que esa acción dio por resultado, y como fruto de la mixtura humana y cultural, a una nueva cultura fruto de ese mestizaje, la hispano criolla, síntesis de la unión del mundo ibérico y su compleja historia, con las culturas americanas. De tal fusión y del devenir histórico, queda un substrato cultural común, perfectamente reconocible por elementos tales como la lengua y la religión, enriquecidos por particularismos regionales, pero con elementos constitutivos comunes. En ello reside el factor decisivo para el futuro de Ibero América: el de la identidad cultural, sin la cual los pueblos carecen de posibilidades para hacer frente a los desafíos que desde los centros de poder mundial, imponen a los pueblos. De ahí que no sea extraño el persistente ataque que sufre esta fecha conmemorativa. Ya sea desde la óptica anglosajona – la leyenda negra-, o la de indigenistas extremos, ambas corrientes coinciden en horadar la acción de España y su legado; pero los más grave es que atacan a la identidad cultural de nuestros pueblos, pues es bien sabido que una nación sin identidad es dócil a la dominación.
Sin dejar de lado los debates historiográficos, antropológicos o filosóficos que ameriten la acción de España en América, es menester conservar y cultivar el más valioso legado que nos dejara en su experiencia en América, nuestra identidad, elemento fundamental para cimentar un futuro

